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Las Nubes Están Quietas

Por: Nasim Khosravi

Tuesday 13 May 2008


Traducido por: Lorenzo Higueras Martínez

Nota: este artículo fue escrito por Nasim Khosravi para honrar a Maryam Hosseinkhah y Jelve Javaheri, que se encontraban encarceladas en la prisión de Evin. En el artículo, Nasim Khosravi se pregunta quién será el siguiente miembro de la campaña en ser encarcelado sin saberlo. Nasim y Rahelev Asgarizadeh fueron arrestadas el 14 de febrero de 2008, mientras recababan firmas de apoyo a la campaña de petición, siendo puestas en libertad tras 13 días en prisión el 26 de febrero.

Las nubes están quietas estos días. Unas veces veloces y otras olvidadizas. Pregunto a Niloufar sobre el cercano proceso, ¿cuándo es? No se por qué estoy pensando en Parvin. Estoy al borde del llanto. Me pregunto quién será la siguiente. ¿Será una de esos rostros que me son tan conocidos? Veo el retrato sonriente del rostro de Maryam’s en todas partes, en mis sueños, en la calle, y sí, también en estas nubes olvidadizas. Visito cada día la web de la campaña, esperando encontrarme la noticia de su liberación, y deseando también que el retrato de Maryam permanezca en la cabecera de la página, confidente, valerosa. Me pregunto si Mayam y Jelve son testigos de la vacilante lluvia, desde la prisión de Evin. ¿Podrán disfrutar de una ventana u otros extraños acesos al exterior? ¿O de una taza de te caliente? Una parte de mi aún cree en ello como una bonita situación: las mujeres de la campaña, empleando su tiempo con otras mujeres condenadas en prisión, con Evin, porque todas ellas están lastradas por los muy escasos apoyos legales. Qué corta distancia entre estas corrientes contiguas. En mi mente, río, me hago más fuerte, me multiplico, de esta forma Marian, Jelve y todas ellas pueden vencer, pueden también multiplicarse.

Los niños vuelven a la escuela, las calles y las manecillas del reloj anuncian el mediodía, pero la bruma en el cielo es eterna. Las madres, envueltas siempre en bufandas de lana y guantes, escoltan a sus hijos hacia el aroma de sus meriendas y el calor de sus hogares. Hay gente en las prisiones. ¡Hay gente que fraterniza con los guardias de su prisión! Y hay acuerdos bajo cuerda. Dirigir tu enfado, como siempre, hacia las nubes que hablan del espantoso fin de una mujer que se ha suicidado y hacia la melancolía de un millar de mujeres y la tristeza de esa tierra a la que están varadas...

Las manecillas del reloj anuncian el mediodía y por las calles no veo a los guardias, los protectores de la seguridad. En la ventana adyacente, veo a un hombre que golpea sus manos sobre la mesa y desaparece en la oscuridad de la casa. Una mujer en el balcón está recogiendo la colada. Se detiene. Mira hacia el cielo, mira hacia la calle, descansa sus codos en el enrejado del balcón, coloca su mano en su frente, el viento sopla y ella se estremece en su chador blanco y sin recoger las ropas tendidas, cierra la puerta ante mi mirada vigilante.

Asientos de un taxi en el tráfico infinito. Pregunto a la mujer sentada a mi lado si ha oído hablar de Maryam y Jelve y de las otras mujeres que han sido encarceladas por dar a conocer las demandas legales mínimas para las mujeres.

¿Qué demandas? pregunta. Huele las flores que ha comprado, y mientras muestra su perplejidad ante mi, coloca las flores en su bolso de piel negra. Sus últimas palabras se repiten entre las luces rojas intermitentes de los coches...

Nosotras no tenemos problemas. ¿Por qué tu, con tu extraño estilo de vestir, atentas contra nuestra seguridad? Si no insistiéseis en vestir de esa forma, ellos no nos estarían pateando con con sus botas...

La lluvia no se desliza por las ventanillas de los coches. Sin notar el frío, los niños llegan a casa y la ciudad se hace de noche, suspendida por siempre en su ignorancia.

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